domingo, 17 de junio de 2018

'Todo lo que no te conté': la muerte de Lydia


@martatorresmol

Hay primeras frases míticas ("Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos...", "Todas las familias dichosas se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera...", "Constituía un placer especial ver las cosas consumidas...", "Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa...", "Llamadme Ismael..."). Y hay primeras frases como las de 'Todo lo que no te conté', de Celeste Ng, que no te permiten dejar de leer. Primeras frases que te atrapan, que te secuestran. Aunque te destripen el final. Tres palabras ("Lydia está muerta") que ya no te sueltan.

Lydia es la mediana de un matrimonio interracial. Tiene los ojos azules de su madre, Marilyn, y los rasgos chinos de su padre, James. Ambos se conocieron en la universidad, ella era alumna y él profesor. Fue una atracción instantánea. Y una relación que les aisló. Eran los años 60 y en Ohio aún no estaban bien vistos esos matrimonios. Un aislamiento y unos complejos que, sin pretenderlo, impregnan la vida de sus tres hijos. Nath es el mayor, es introvertido y sueña con ir a Harvard. Hannah es la pequeña, es transparente (llegó sin que la buscaran) y la única que ve, en realidad, todo lo que ocurre en casa. Y luego está Lydia, la mediana, la niña bonita de mamá, la niñita en la que Marilyn, que tuvo que dejar una prometedora carrera por la familia que estaban creando, carga todas sus ilusiones, expectativas y esperanzas. Un peso que Lydia no ha querido. Ni deseado. Ni buscado. Un peso del que no puede ni sabe desprenderse. Un peso al que se suma la adolescencia. Y el primer chico. Y el miedo a la vida sin su hermano cuando éste se vaya a la universidad. Y los pánicos heredados de la infancia, de aquella vez que su madre les abandonó durante meses.

Esa mañana de mayo, en ese desayuno familiar con el que comienza la novela, en esa casa cerca del lago, Lydia ya está muerta. Lleva unas horas muerta. Murió durante la noche. Aún tardarán días en encontrar su cuerpo. Unos días que sirven a Celeste Ng para ir hacia atrás. A los días anteriores a la muerte de Lydia. Semanas. Meses. Años. Nos mete en esa familia. Nos pasea por su historia. Desde el primer encuentro de James y Marilyn a los momentos de crisis. A las dudas. A las reacciones de los demás aal ver ese amor entre una bonita norteamericana de ojos azules y un profesor de origen chino. A los nacimientos. Nos lleva de la mano a las habitaciones de los niños. A sus cabecitas, ésas por las que pasan muchas más cosas de las que sus padres imaginan. Pensamientos, sentimientos, creencias que no les cuentan a sus padres. Pensamientos, sentimientos, creencias que son la clave para saber quiénes son sus hijos. La llave a saber, sin dudas, qué le ocurrió a Lydia en su última noche. Porque eso, los capullos transparentes que tejemos a nuestro alrededor para escondernos y protegernos de quienes más nos quieren, es el auténtico tema de la novela. Pero Celeste Ng nos engaña, teje también su propio capullo de hijos transparentes para hacernos creer que lo importante es la muerte de Lydia. Y lo hace con una prosa sencilla, delicada, tierna, bella. Palabra a palabra, frase a frase. Sincera. directa. No nos esconde nada. Somos los únicos que lo sabemos todo. Sabemos, incluso, desde el principio, que Lydia está muerta. Y a pesar de eso no podemos parar de leer.

"Lydia está muerta. Pero esto aún no lo saben. 1977, 3 de mayo, seis y media de la mañana. Nadie sabe nada excepto este dato inocuo: Lydia llega tarde a desayunar. Como siempre, junto a su cienco de cereales su madre ha dejado un lápiz recién afilado y los deberes de física de Lydia, seis problemas con pequeñas marcas color rojo. En el coche, camino del trabajo, el padre de Lydia sintoniza en el dial WXKP, 'la mejor fuente de noticias del noroeste de Ohio', molesto por el chisporroteo del ruido estático. En las escaleras, el hermano de Lydia bosteza, todavía enmarañado en el tramo final del sueño que ha tenido. Y en su silla en un rincón de la cocina, la hermana de Lydia está inclinada con ojos como platos sobre sus copos de maíz, chupándolos uno a uno hasta deshacerlos, esperando a que aparezca Lydia. Ella es la que dice, por fin: 
-Hoy Lydia está tardando mucho".

Título: 'Todo lo que no te conté'
Autora: Celeste Ng
Traductora: Laura Vidal
Editorial: Alba
Colección: Contemporánea
Páginas: 336
Precio: 19,50€
Procedencia: comprado

martes, 12 de junio de 2018

'La catedral del mar', fría


@martatorresmol

Pues me ha vuelto a pasar. Me lo temía, pero confiaba. Al fin y al cabo, miles y miles de personas lo han leído y les ha encantado, ¿no? Pues a mí 'La catedral del mar', de Ildefonso Falcones, no me ha convencido. Y no lo ha hecho, precisamente, por los mismos motivos por los que no me convenció 'La mano de Fátima', la única novela suya que había leído hasta la fecha. Aquella y esta historia me han parecido frías, como escritas por un robot. Y ya está. Es algo muy personal, pero es algo que yo necesito. Necesito que las historias me toquen, me hagan reír, enfadarme, desesperarme, entristecerme, llorar... Y ésta, como aquella, no lo ha hecho. En su momento, cuando se publicó, el libro estaba en casa de mis padres y le di un ojo por encima. No me convenció. Le intuí algunas similitudes con 'Los pilares de la tierra', de Ken Follet, que leí en un viaje de Carcassone a Burdeos, y me fascinó.

'La catedral del mar' cuenta la historia de Bernat Estanyol y de su hijo Arnau, con el que huye a Barcelona con la esperanza, tras enfrentarse al señor de sus tierras, de poder pasar desapercibido y conseguir, tras un año y un día, ser un ciudadano libre. Si el libro comienza mal para los protagonistas, con el señor de Navarcles arruinando el matrimonio de Bernat, continúa aún peor. A ninguno de ellos se les ahorran desgracias, aventuras, peligros, gente que quiere verles hundidos en la miseria o, incluso muertos, amores imposibles, venganzas... Una novela histórica de manual, vaya.

Falcones escribe bien. La trama, las historias y las vidas que se van cruzando a lo largo de las décadas por esa Barcelona del siglo XIV, son muy interesantes. Los personajes están bien trazados, te preocupas por ellos, quieres saber qué les pasa y esperas el momento en que algo les salga bien (a algunos) o a que les llegue el fin (a otros). Las descripciones son tan claras que casi te parece estar recorriendo callejones, plazas, ese puerto sin muelles, iglesias, palacetes, masías, talleres... Y la verdad es que las casi 700 páginas se leen en un par de días. ¿Y entonces? Pues que es frío... Muy frío... No se me ha encogido el corazón con el pequeño Joan esperando, día tras día, que su madre emparedada saque la mano por el ventanuco para acariciarle la cabeza. No he tenido que cerrar los ojos para no ver la violación salvaje de Francesca en su noche de bodas. No he sentido taquicardias al acompañar al niño Bernat en la aventura de quemar el cadáver de su padre ahorcado. No me he enfadado con el rey al obligar a Bernat a casarse con una noble que le desprecia. No me he indignado con Joan al no darse cuenta de lo que pasaba con Mar. Ni he llorado al leer las muertes de Sahat, de Albert, de Ramon...


"Año 1320
Masía de Bernat Estanyol
Navarcles, Principado de Cataluña


En un momento en el que nadie parecía prestarle atención, Bernat levantó la vista hacia el nítido cielo azul. el sol tenue de finales de septiembre acariciaba los rostros de sus invitados. Había invertido tantas horas y esfuerzos en la preparación de la fiesta que sólo un tiempo inclemente podría haberla deslucido. Bernat sonrió al cielo otoñal y, cuando bajó la vista, su sonrisa se acentuó al escuchar el alborozo que reinaba en la explanada de piedra que se abría frente a la puerta de los corrales, en la planta baja de la masía".

Título: 'La catedral del mar'
Autor: Ildefonso Falcones
Editorial: Grijalbo
Páginas: 669
Precio: 18,80€
Procedencia: biblioteca familiar

sábado, 9 de junio de 2018

Se me ha atragantado un 'tequiero'


@martatorresmol

Se me ha atragantado un tequiero. Era un tequiero pequeño. Bien formado. Completo. Con todas y cada una de sus letras. Con su entonación. Con su sonido. Era un tequiero perfecto. Pequeño, pero perfecto. Perfecto, pero pequeño. Salió así del corazón. Creo que se escapó, amparado en la multitud de megustas, tedeseo, meexcitas, piensoenti... Mucho más rápidos, no les pudo seguir el ritmo. Ellos recorrieron veloces el camino hasta los labios. Él se quedó por el camino. Perdido y solo. Se vio pequeño. Prematuro. Precipitado. No tuvo fuerzas para trepar por las cuerdas vocales. Se quedó en la garganta. Ahí lleva días, semanas, meses. Ya no es pequeño. Ni prematuro. Ni precipitado. Es grande. Gigantesco. Mastodóntico. Se ha enquistado. Se ha puesto cómodo. Lo siento respirar. Palpitar. Dudar. Me pesa. Me consume. Me ahoga. Se me ha atragantado un tequiero.

domingo, 3 de junio de 2018

'La cena': las arcadas


@martatorresmol

¿Qué sería alguien capaz de hacer por un hijo? ¿Hasta dónde podría llegar? Son algunas de las preguntas que plantea 'La cena', de Herman Koch, una novela que he leído sin pestañear y soportando las arcadas que me provocaba página tras página. Y no por los maravillosos platos que pasan por la mesa de ese restaurante de postín sino por sus comensales. Por todos y cada uno de ellos. Por lo que piensan, por lo que hacen, por lo que esconden y, sobre todo, por cómo quieren. O creen querer. Que no es lo mismo. Porque esa primera pregunta ("¿Qué sería alguien capaz de hacer por un hijo?") es, en realidad, una trampa. Una engañifa. Porque, en realidad, no engañan, esconden, atacan, mienten y pelean por un hijo, sino por ellos mismos. Por la imagen. Por las apariencias. Por el qué dirán. Por mantener un estatus. Por la crueldad y el salvajismo que puede haber tras una cortina civilizada. Ésa es, al menos, la conclusión a la que, después de semanas de darle vueltas a esta novela, he llegado.

Koch es un maestro. Con los tiempos. Con las palabras. Con los personajes. Con los espacios. Consigue que casi 300 páginas, sin apenas salir del comedor de ese restaurante, se hagan cortas. Y que vayas cambiando tu forma de ver (y de no entender) a los protagonistas con una maestría que sólo le he visto a Carol Reed en su versión cinematográfica de 'El tercer hombre', inspirada en la novela homónima de Graham Greene. Pasamos de ver a dos padres y dos madres de adolescentes que han quedado, son hermanos y cuñados, para cenar civilizadamente y hablar de una travesura de sus hijos. Una velada para analizar situaciones, encontrar culpables, buscar soluciones. Una velada en la que sale a flote toda la mierda. De las familias. Y de la sociedad occidental. Los prejuicios. El racismo. La aporofobia. El desprecio por aquellos que no son iguales a uno. La soberbia. Los malos tratos. La crianza de hijos tiranos. Adolescentes sin valores. O con unos valores muy pervertidos. Porque la travesura que han cometido esos hijos de esas dos familias bien que se encuentran en un restaurante elegante, de platos caros y clientes forrados de dinero, ha sido quemar a una indigente que se había refugiado en un cajero automático para pasar la noche a salvo del frío. Una fechoría que ellos no consideran importante, al fin y al cabo, era una indigente. Que esconden. Lo mismo que hacen sus padres, unos al reconocerlos en la grabación del cajero y otros al descubrir el vídeo en sus móviles.

En la cena, en realidad, se habla poco de esto. Todos dan vueltas y más vueltas. Plato tras plato. Porque ninguno quiere reconocer que sus hijos no son como deberían ser. Que ellos lo saben. Que lo han ocultado. Que son responsables de ello. Y que, en el fondo, piensan exactamente igual que sus retoños. Para todo esto nos sirve esa cena, para que Koch vaya atrás y adelante mostrándonos cómo son esos cuatro comensales tan civilizados y tan ricos y tan de clase media alta y tan educados y tan bien considerados. Y no puedes dejar de sentir arcadas.


"Íbamos a cenar en un restaurante. No diré en cuál, porque si lo digo puede que la próxima vez esté lleno de gente que quiera ver si hemos vuelto. Había reservado Serge. De las reservas siempre se ocupa él. El restaurante es uno de esos a los que hay que llamar con tres meses de antelación, o seis u ocho, ya he perdido la cuenta. Yo jamás querría saber con tres meses de antelación adónde iré a cenar una noche determinada, pero parece que hay gente a quien eso no le importa nada. Si dentro de unos siglos los historiadores quieren saber cuán idiota era la humanidad a comienzos del siglo xXI, no tendrán más que echar un vistazo a los ordenadores de los llamados restaurantes selectos, porque resulta que todos esos datos se guardan."

Título: 'La cena'
Autor: Herman Koch
Traductora: Marta Arguilé Bernal
Editorial: Salamandra
Páginas: 288
Precio: 17,50€ / 8,50€
Procedencia: comprado

miércoles, 30 de mayo de 2018

Mujeres que encienden luces


@martatorresmol
Marta Torres Molina | Diario de Ibiza
Cuando enciendes la luz ya no puedes dejar de ver las grietas. Han estado siempre ahí, antes, incluso, de que tú existieras. Seguramente por eso no las veías. Como tampoco veías que eran peligrosas y que alguien (tú, todas, todos) tenía que meterles mano y arreglarlas. Aún no entiendes cómo no las habías visto. Porque no es la primera vez que enciendes la luz. Antes no las distinguías ni con el sol de mediodía y ahora no puedes ignorarlas ni con la luz apagada, en la oscuridad más absoluta. Te angustia que se hagan más grandes, que se te acabe cayendo la casa encima, y empiezas a hacer de albañil. Pero las grietas son tan grandes que sola no puedes. Cuando llegas al techo se han vuelto a abrir por el suelo. Miras la luz y ya te da igual si está encendida o apagada, porque ya siempre verás. Y te quedas allí, con tu espuerta de cemento, esperando a las demás, a las otras mujeres que también enciendan la luz y ya no puedan dejar de ver, incluso con ella apagada. Sabes que llegarán, porque hay mujeres que van esparciendo la luz, encendiendo bombillas, una detrás de otra, prendiendo guirnaldas de destellos y colorines, haciendo que, poco a poco, todas veamos las grietas, nos remanguemos y empecemos la faena de acabar con ellas, convencidas de que llegará un día en que podremos mirar la pared con un microscopio sin ver ninguna grieta. Sólo las cicatrices, que nos recordarán cómo estábamos. Y podremos dejar el cemento y disfrutar de la igualdad.

domingo, 27 de mayo de 2018

Las lectoras del último viernes


Elena, Maite, Vicent, Neus, Paula y Maruja, frente a la librería. Sergio G. Cañizares

Marta Torres Molina | Diario de Ibiza
Está oscuro ya. Y la puerta de la librería Mediterrània está cerrada. Pero dentro, al fondo, en una pequeña sala, la luz está encendida y hay rumor de sillas. Unos vasos de vino y una mesa medio llena. Cosas de picar. Es la liturgia de cada último viernes de mes, cuando once mujeres y un único hombre quedan para hablar de libros. De libros en general y de un libro en concreto. El que el pasado último viernes eligió uno de ellos y que, si todo ha ido bien, los doce integrantes de este club de lectura han leído. «Nos tendríamos que poner un nombre, ¿no?», comenta Neus Montero, cuentacuentos y apasionada de la lectura. «Ya lo tenemos: el club de los últimos viernes, ¿no?», responde, entre risas, Paula López, directora de la iniciativa, que comenzó, ya hace un buen puñado de años, cuando tenía su propia librería, Érase una vez. Aquella aventura acabó, pero el club ha seguido adelante en Mediterrània, donde su gerente, Vicent Marí, no sólo se encarga de suministrarles los títulos elegidos sino que, además, se ha añadido al grupo. «Siempre hemos sido mayoría de mujeres, pero siempre ha habido, también, cuota masculina», explica Paula.

Hace ocho años que Maruja Ribas vio a los cristales de la librería de Paula un cartel donde se informaba del club de lectura. A pesar de que no tenía claro si aquello sería muy para ella –«pensaba que quizás sería muy intelectual y me costaría atreverme a hablar»- se animó. «Era completamente diferente a cómo había pensado. Mucho más ameno», explica. Entre los cerca de 80 libros que ha leído para el club en este tiempo, destaca, especialmente, ´Patria´, de Fernando Aramburu, que leyeron hace relativamente poco. «Muestra la vida cotidiana y los problemas de dos familias en el País Vasco», recuerda. Uno de los que más le ha costado tu ha sido, en cambio, ´El jilguero´, de DonnaTartt, demasiado duro y crudo.

Del mismo modo, con aquel cartel en la puerta, llegó al grupo Elena del Moral, a quién gustó tanto la experiencia de hablar de libros que acabó animando a su amiga Maite Hernández, su hija, su nuera... Las dos últimas ya no pueden ir, pero ella y Maite llevan cinco años en esta comunidad lectora. La primera vez que fue, Elena no había leído el libro de aquel mes, ´El último judío´, de Noah Gordon, pero recuerda que, por lo que comentaban en la tertulia, le recordó a ´El hereje´, de Miguel Delibes. También recuerda que aquel primer día le sorprendió el ambiente distendido: «Pensaba que sería más universitario, que la gente iría cargada de citas y de mucha información». Citas, explica, las hay: «Paula y Neus lo traen muy trabajado». En este tiempo ha leído muchos libros que le han gustado: ´Patria´, de Fernando Aramburu, ´Americanah´, de Chimamanda Ngozi Adichie, o el penúltimo que han leído: ´Fabulosas narraciones por historias´, de Antonio Orejudo. A pesar de que los ha acabado todos, asegura que un buen par de ellos le han decepcionado porque no han sido lo que esperaba. Entre todos estos destaca ´Chicos y chicas´, de Soledad Puértolas.

«A veces es más interesante que no gusten mucho los libros», apunta Neus con una sonrisa un poco maléfica. Su comentario tiene una justificación: cuanto menos gustan los libros más interesantes acostumbran a ser los debates. Los debates, que siempre son apasionados, a veces se vuelven más viscerales. Quizás en esto tiene algo a ver que, desde hace un tiempo, son las propias integrantes del club quienes eligen las lecturas de cada mes. «Quedamos tarde porque hay gente que trabaja y que tiene que llegar hasta aqui. Como es tarde, algo tenemos que comer, así que cada mes una persona trae el aperitivo y ésta es la que elige el libro del mes siguiente», explica Paula. Precisamente es Elena a quien le toca escoger la próxima lectura. Ya la tiene clara: ´Mr. Vértigo´, de Paul Auster, que la dejó muy impresionada. Será el reencuentro de algunas de las integrantes del club con el escritor. Maite, la amiga de Elena, confiesa que desde que leyó ´Brooklyn Follies´ le ha cogido un poco de manía. Ella, que también tenía un poco de miedo al club por si era «aburrido y cultureta», ha elegido el libro de este mes: ´Vida con Picasso´, de Francoise Gilot, que Vicent ya tiene en la trastienda. Al club se frotan las manos. Con un personaje como el pintor malagueño la animación de la tertulia está garantizada. Destaca que leen de todo. Libros que les fascinan y otros que no entienden cómo han conseguido premios, como ´La isla de Alice´, de Daniel Sánchez Arévalo.

Ceremonias del té y cinefòrum

«Por deformación profesional yo acabo sacando todos los defectos», comenta Paula, que todavía recuerda como quedó de pintarrajeado su ejemplar de ´El fuego del flamboyán´, de Viruca Yebra. Confiesa que acaba todos los libros del club porque le parecería una falta de respeto, como directora del club, que las participantes hablaran de detalles que ella, al no haber acabado los libros, no tenga controlados. «Yo sólo leí sus comentarios», apunta Neus, que confiesa su debilidad por los clásicos, a pesar de que, reconoce, no son los mejores libros para el club de lectura. Imponen. Cuesta reconocer que no han gustado. Y muchos lectores no se sienten autorizados para opinar sobre historias que están consideradas obras maestras de la literatura. «Tienen miedo de decir lo que piensan cuando se trata de un clásico», afirma Neus, que cada vez que puede lee ´Ana Karenina´, de Tolstoi. Para ella, lo más importante del club es esta vertiente de recuperación de las tertulias. «Se ha perdido la costumbre de hablar, de dialogar, de debatir. Los clubes de lectura son unos espacios donde poder hablar de libros», explica mientras Paula asiente con la cabeza. Y no sólo hablar de libros, sino aprender y descubrir otras muchas cosas: culturas tradiciones, curiosidades...

Cuando leyeron ´Un tranvía llamado deseo´, de Tennessee Williams, organizaron un cinefòrum y vieron la versión dirigida por Elia Kazan y protagonizada por Marlon Brando y LizTaylor. Era una cinta especial que incluía las partes eliminadas por la censura española. «Se notaba porque la voz de Brando cambiaba», recuerdan. Otro día fueron a una tetería donde una japonesa les hizo la ceremonia del té, cuando habían leído una novela de Amy Tan: ´ Un lugar llamado nada´. «Ella es norteamericana de origen chino, pero habíamos estado comentando el tema oriental y surgió esto del té. No es que confundimos la China con el Japón», matiza Neus. Han tenido contacto directo con los autores de algunos de los libros, como Sigfried Meier, de quien leyeron ´Mi resiliencia´ y han invitado a expertos a las tertulias sobre algunas de las lecturas. El actual consejero insular de Cultura, David Ribas, acudió cuando comentaron ´Vida y muerte de un pueblo español´, de Elliot Paul, y el propio Vicent, gerente de la librería, cuando leyeron ´Los muertos mandan´, de Blasco Ibáñez.

Precisamente fue en este encuentro, como invitado, cuando Vicent se animó a participar. «Me  encontré muy a gusto», afirma este joven, que coincide con las compañeras de club a la hora de elegir las mejores y las peores lecturas: ´Patria´ entre las primeras y ´La isla de Alice´ entre las segundas. «El del flamboyán no lo leí», indica Vicent, que explica que eligió ´Fabulosas narraciones por historias´, a pesar de que era un libro publicado en el 96 y que ha estado mucho tiempo sin reeditarse porque le pareció que gustaría a sus compañeras: «Es un libro muy entretenido, relacionado con la generación del 27, y su autor escribe muy bien». Vicent reconoce que no siempre es fácil encontrar los libros que proponen las integrantes del club. Muchas veces se trata de libros que no se han reeditado y de los que es imposible encontrar una docena de ejemplares. «No es que no sean buenos, es que la propia industria va tan deprisa con las novedades que no hay tiempo para pensar en reediciones», justifica en el mostrador de la librería, el mismo por el que pasan , ya a oscuras, cuando, cerca de la medianoche, acaban la tertulia. El último viernes de cada mes.


domingo, 6 de mayo de 2018

'Zenit': la pluma debe vencer a la mierda


David Ruano

Una pluma roja sepultada por toneladas de bolsas de basura. De mierda. Es la última imagen, antes de que los focos dejen completamente a oscuras el escenario, de 'Zenit', de Els Joglars. Fantástica. Satírica. Una obra de las que hacen que se te congele la sonrisa. Sobre todo si estás en el bando de aquellos a los que se saca los colores. Seguramente, hace un rato, todos miraban la obra y señalaban a los periodistas. Yo, hace un rato, miraba la obra y me faltaban dedos para señalar a cada uno de mis compañeros de patio de butacas. Todo lo que sale a escena en 'Zenit' es real. No absoluto, porque no todos los medios ni todos los periodistas funcionan igual, pero muy real. En las redacciones apenas hay ya tiempo para pensar y digerir antes de escribir. No digamos ya para investigar. "Si quieres hacer periodismo de investigación vuelve a los 80", comenta la directora en un momento de la obra. "Ya me gustaría", le responde Martín, periodista ya de cierta edad, crítico con las nuevas formas de su oficio y reacio a ellas. Ese ya me gustaría ha sido como una patada en el estómago. Todos los que conocimos, aunque fuera en sus últimos coletazos de principios del siglo XXI, ese periodismo anterior a las redes sociales y a la dictadura de internet, responderíamos lo mismo que él. Es real la obsesión por los clics, por los números. Y es real, por parte de algunos, ese desprecio por piezas buenas y bien escritas, que te ha costado un mundo sacar, porque no se están leyendo. En la web, porque lo que se lee en el papel sigue siendo maravillosamente misterioso e incontrolable. Es real que el tiempo que antes dedicabas a pensar y digerir tus historias antes de sentarte frente al teclado ahora lo dedicas a adelantarlas en la web o a editar vídeos. Es real que las tertulias mejoran tu fin de mes. Es real que hay medios que han reencuadrado fotos para adecuarlas a la historia que querían contar en vez de contar la historia de la foto completa. Y es real que hay periodistas que simplifican demasiado. Reconozco que todo esto es real. Y sigo señalando con el dedo a mis compañeros de patio de butacas. Sí. Porque al igual que toda sociedad tiene los gobernantes que se merece, porque los han votado, toda sociedad tiene los medios que ha creado, porque ellos dictan su camino con sus clics. Los mismos que critican que en las ediciones digitales aparezcan noticias tontas son los mismos que clican sobre ellas, que engordan sus números y que hacen que ese tipo de noticias sigan apareciendo. Si la gente quisiera periodismo de verdad no le darían ni una visualización a esos contenidos. Y sí, a los periodistas también nos molesta ver un reportaje que te ha llevado días y que has escrito con mucho cuidado y mucho cariño junto a la última tontería que ha dicho Belén Esteban o el último vídeo viral de gatitos. De todo esto, y de muchas más cosas, hablan Els Joglars, con ese lenguaje suyo tan corporal, tan de clown... Porque de eso trata del clown (eso, al menos, aprendí de uno de los grandes, no fui nunca a sus clases como alumna, sólo como periodista, pero eso es el periodismo, una clase constante), de meter el dedo en la llaga. A mí, su dedo, seguramente me ha dolido más de lo normal. Mi llaga era ya vieja y profunda. Mi dedo os apunta a vosotros. Y a vuestros clics. La pluma debe vencer a la mierda.

Título: 'Zenit'
Actores: Ramon Fontseré, Pilar Sáenz, 
Dolors Tuneu, Xevi Vilà, 
Julián Ortega, Juan Pablo Mazorra
Dramaturgia: Ramon Fontseré, Martina Cabanas
Dirección: Ramon Fontseré
Espacio escénico: Martina Cabanas
Ayudante de dirección: Martina Cabanas
Vestuario y atrezzo: Laura García
Iluminación: Bernat Jansà
Sonido: Guillermo Mugular
Técnico en gira: Roger Vila
Coordinación técnica: Pere Llach
Coreógrafos: Cia. Mar Gómez
Diseño gráfico: Arkham Studio
Fotografía: David Ruano
Coordinación giras y medios: Alba Espinasa
Producción ejecutiva: Montserrat Arcarons,
Alba Espinasa
Catering: Hort d'en Roca

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